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Seguimos con preocupación la evolución del paciente llamado España. Desde que contrajera el Covid19, el pasado 31 de enero de 2020, su estado de salud no ha dejado de empeorar, y la elevada carga viral presente en su organismo ofrece, aparentemente, escaso margen de maniobra.

Sabemos que el coronavirus ataca directamente a los pulmones, y los suyos, el turismo (que representa más del 12% del PIB nacional), rinden actualmente al mínimo de su capacidad. Absolutamente colapsados, España permanece a la espera de un tratamiento que, según parece, tardará aún mucho en llegar.

Muy aletargado, el paciente se aferra a la vida, solo posible en estos momentos, gracias a las máquinas de respiración asistida, mientras cada uno de los mecanismos naturales encargados de hacerle llegar el aire, pierden fuelle.

Por causa mayor, hoteles, líneas aéreas, navieras, turoperadores, eventos, comercios, etc. se han ido apagando paulatinamente. Un fallo multiorgánico que está condenando a España, a su turismo, a una lenta y dolorosa agonía, dejando en evidencia la vulnerabilidad de su sistema inmunitario.

Un paciente en la UCI

El paciente se encuentra intubado, postrado en una de las escasas camas disponibles en la UCI. Sabe que su proceso de mejoría pasa, inevitablemente, por el meticuloso control y seguimiento de sus constantes vitales.

Es ese el único modo de anticipar nuevas fases en la evolución de la enfermedad, y de estar en guardia para responder con inmediatez a los posibles cambios de escenario que puedan surgir. Un proceso íntimamente ligado al empleo de tecnología punta, y dependiente de todos los profesionales que trabajan sin descanso por su bienestar. En ellos, en su inestimable esfuerzo, deposita buena parte de sus esperanzas de recuperación y posterior reactivación.

El contexto actual, inimaginable hace solo dos semanas, nos ha hecho reflexionar, y también elaborar esta particular metáfora de la crítica realidad económica y operacional a la que se ha visto asolado el sector turístico, como consecuencia directa de la crisis sanitaria del SARS-Cov-2. Con vuestro permiso, nos hemos permitido la licencia de hacer uso de ella en este artículo, por constituir una fiel representación de nuestras líneas de pensamiento y de trabajo actuales.

El tiempo corre en nuestra contra

Lo cierto es que el tiempo corre en nuestra contra, y hoy, más que nunca, es determinante disponer de herramientas que permitan tomarle el pulso al destino a través del análisis del big data. No tanto para recrearse en el dramatismo de las cifras presentes, sino para estar armados y preparados para el futuro más próximo, cuando llegue la hora de impulsar su esperada reactivación con la mayor agilidad posible.

Un repunte de cuya llegada tenemos pleno convencimiento, y durante el cual, una herramienta como Turobserver, nuestra plataforma para Destinos Inteligentes, puede arrojar mucha luz en forma de datos y de conclusiones de extrema utilidad, entre otras muchas aplicaciones, para el fomento de planes de promoción turística.

La situación es grave, sí. Pero no es la primera vez que nuestro país enferma, y siempre ha demostrado fortaleza y entereza para levantarse, con ese poderoso órgano vital que constituye el turismo, inhalando y expirando enérgicamente, como inequívoco síntoma de su buen estado de salud.

Ocurrirá de nuevo, volverá a incorporarse, pero le resultará mucho más sencillo si todos aportamos nuestro granito de arena. Esto no va de una empresa o de una marca compitiendo por intentar hacerse un hueco en el mercado. Esto trata de una llamada a la unión de nuestras fuerzas para rescatar a ese paciente llamado España.

Imágenes cedidas: Hush Naidoo on Unsplash