¿Que ese hotel no cuenta con una estrategia de responsabilidad social? ¡Qué barbaridad! ¡Ese es el sentimiento de los individuos al ver que un hotel o una empresa muestra poco a ningún interés hacia la sociedad.
Pero tú, como ciudadano, ¿con cuántas obras sociales colaboras? ¿Donas dinero? Sangre puede que sí, porque es gratis y encima te dan un zumo y una barrita de chocolate.
La sociedad en general quiere que “las empresas y los altos cargos” tomen cartas en el asunto y ayuden al prójimo. Nos parece increíble que un hotel dedique parte de sus fondos a formar a sus trabajadores y a crear empleo sostenible en aquellas áreas en las cuales la situación económica deja mucho que desear. Pero, a nosotros ciudadanos, nos cuesta ayudar al prójimo.
Ya no hablo de donar dinero. Entiendo que muchas personas tienen dificultades económicas en casa y que no pueden permitirse “el lujo” de financiar a otras personas. Sin embargo, hay otras formas de ayudar: dedicar un par de horas a nuestros ancianos, ayudar al hijo del vecino con los deberes del colegio, indicar al turista con una sonrisa cómo llegar a la Taberna Pepe… Son las pequeñas acciones las que al final cuentan. Obviamente, si te sobran un par de euros al mes, nadie se opondrá a que los dones.
No quiero terminar sin decir: ¡Mea culpa! Creo que siempre he sabido que, de un modo u otro, podía ayudar un poco más pero no lo hice por perezoso. Pero a día de hoy, aporto mi granito de arena cada mes donando a diferentes asociaciones (no es mucho, pero al menos es algo).
Nunca es tarde para ayudar al prójimo. Más aún en nuestro sector profesional. Sigamos apoyando la responsabilidad social empresarial sin olvidarnos de la responsabilidad social personal.

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