Mantener subida de precios en el sector hotelero

Comienza la cuenta atrás de dos mil veinte dos, en apenas un par de meses llegará dos mil veintrés y se empieza a percibir el espíritu reflexivo que acompaña cada cierre de ciclo. ¿Cómo será el nuevo año? ¿Qué ocurrirá con la economía? ¿Será un buen año?

Tras lo vivido en la crisis pandémica, el sector turístico en general y el hotelero en particular ha optado por una subida de precios generalizada con la que contrarrestar el impacto de una inflación al alza, la subida de los suministros y otras variables que están afectando los márgenes de beneficio hotelero.

La gran pregunta es ¿será el sector hotelero capaz de mantener el alza en precios medios? Hay dos consideraciones en la respuesta, la primera tiene que ver con la oferta y la segunda con la situación del mercado.

Cuando un hotel cuenta con un precio alto, la oportunidad de mantenerlo gira en torno a entender bien cuáles son los motivos que le permiten tener ese precio alto en el corto y medio plazo.

Esto viene motivado por dos cuestiones, los atributos del edificio o su estado, la ubicación o las dimensiones, pero también puede deberse a la propuesta de valor, a la oferta, la fuerza de la marca, y la capacidad de identificación del cliente con lo que el hotel ofrece.

Lo primero viene dado, lo segundo se crea. Es en lo que se crea donde radica el valor en la gestión, la estrategia y trabajo diario del gestor.

Lo primero, lo que viene dado, tiene su mérito, pero por lo general, prefiero vincularlo más a las tareas de la propiedad que al mérito empresarial, por llamarlo de alguna forma.

La segunda consideración se refiere a la situación económica. Cuando hablamos de crisis hay hechos reales y ciertos que justifican que estemos ante dentro de una situación de crisis, aumento de las tasas de interés para reducir la inflación, o de las tasas de políticas monetarias.

Decisiones que, por lo general parten de aquéllos que definen las reglas y el estado de la economía. Pero a veces olvidamos que la economía es un estado de ánimo y que su evolución depende del consumidor.

Olvidamos que el optimismo, que no la irresponsabilidad, es lo que genera la recuperación, lo que permite unos índices de consumo ágiles, sólidos y reales. Esto va más allá de lo que leemos en la prensa económica.

Si abordamos con optimismo la situación, dos mil veintrés puede ser un buen año. Si se actúa con optimismo y espíritu positivo, seguro que el mercado responde de la misma forma.

Ahora la cuestión está en saber responder a la pregunta para trabajar sobre la misma
con el cliente: ¿Cuáles son los motivos que te van a permitir mantener un precio alto?

Imágenes cedidas: Markus Winkler