Por: Marta López Fesser, responsable de Alianzas corporativas de UNICEF España
Cuando pienso en vacaciones, recuerdo escenas de cuando era niña: la primera vez que vi el mar, un viaje en familia en el que todo parecía nuevo, las risas en un campamento o el simple asombro de descubrir un lugar diferente. El turismo está lleno de recuerdos, de experiencias que marcan y conforman nuestra memoria.
Aunque muchos niños y niñas disfrutan de esos momentos inolvidables, otros pueden encontrarse con una realidad mucho más compleja: riesgo, desprotección o incluso violencia. Lo que para un adulto es un paréntesis de descanso, para un niño puede convertirse en un recuerdo imborrable, para bien o para mal. Esta es la razón por la que la protección de la infancia no puede ser una opción para la industria turística, sino el corazón mismo de lo que entendemos por impacto social.
En este Día Mundial del Turismo, España se celebra a sí misma como potencia turística: más de 93 millones de visitantes internacionales con una industria que representa un 13% de nuestro PIB. Pero junto a este éxito emerge una responsabilidad ineludible: que el crecimiento no se construya a costa de la seguridad de quienes son más vulnerables.
Porque los niños, niñas y adolescentes siempre son el eslabón más expuesto. Allí donde se mueven masas de personas, también pueden surgir riesgos: desde situaciones de explotación infantil hasta distintas formas de violencia. No hablamos de una amenaza lejana; aunque no con la magnitud de otros destinos, en España ya existen casos. Y, precisamente por ello, el sector tiene la oportunidad –y la responsabilidad– de adelantarse, prevenir y convertir la protección de la infancia en un valor diferencial.
Desde esta convicción, en UNICEF España hemos alcanzado un acuerdo con la Federación de Asociaciones para la Prevención del Maltrato Infantil, FAPMI-ECPAT España, para situar la protección de la infancia en el centro de la agenda turística. Juntos estamos trabajando en un diagnóstico que nos marque el punto de partida y ya contamos con algunos datos reveladores: aunque el 80% de las empresas turísticas españolas orientan su oferta al turismo familiar, apenas un 13% adopta medidas preventivas frente a la vulneración de los derechos de la infancia y la adolescencia.
Estos datos son una llamada de atención. La Ley Orgánica de Protección Integral a la Infancia y la Adolescencia frente a la Violencia (LOPIVI), en vigor desde 2021, fija un marco claro, pero la realidad es que aún no se traduce en protocolos efectivos dentro de la mayoría de las empresas del sector. Y aquí es donde España puede marcar la diferencia: adelantarse, asumir la prevención como valor distintivo y dar un paso de liderazgo global.
El turismo puede ser una poderosa fuerza de protección si se compromete con medidas concretas: formar a su personal, sensibilizar a la clientela y proveedores, adherirse a iniciativas internacionales como The Code (Código de Conducta para la Protección de Niños, Niñas y Adolescentes en los Viajes y el Turismo) y, sobre todo, garantizar que cada hotel, cada avión y cada actividad turística sean espacios seguros para la infancia.
En UNICEF España trabajamos mano a mano con empresas del sector, cadenas hoteleras o aerolíneas. También aunamos a más de 120 establecimientos hoteleros a través del programa Hoteles Amigos. Juntos, avanzamos hacia una integración paulatina de la infancia en el corazón del modelo de negocio, convencidos de que no es solo un deber moral, sino también una ventaja competitiva. Un destino que protege a los niños no solo inspira confianza en las familias, también proyecta al mundo un mensaje de responsabilidad y de calidad.
La sostenibilidad social no puede ser la hermana pequeña de la sostenibilidad ambiental. Así como nos enorgullecemos de proteger costas y montañas, debemos garantizar que los niños, niñas y adolescentes encuentren en cada hotel, en cada vuelo y en cada actividad turística, un entorno seguro y libre de violencia.
El turismo español tiene hoy en sus manos un liderazgo global. Un turismo que también protege a la infancia. Y si somos capaces de garantizar que cada niño y niña que viaja crezca en entornos seguros, habremos transformado el turismo en lo que realmente debe ser: una experiencia de vida que construye una memoria que la infancia también querrá recordar.
Imágenes cedidas: © UNICEF/LeMoyne


