vacunas zonas verdes

Si bien el número de contagios por COVID-19 sigue disminuyendo conforme avanza la vacunación, esta no debería ser la única herramienta para contener el virus. A esta conclusión llega el insight “Pasaporte sanitario y zonas verdes: cómo contener el virus mientras avanza la vacunación”, elaborado por el Centro de Políticas Económicas de Esade (EsadeEcPol), en el que advierte que todavía existen importantes factores de riesgo que no han sido controlados, como las nuevas variantes de la enfermedad o la lenta vacunación en los países en vías de desarrollo. Esto obliga a Europa a implementar, lo antes posible, una estrategia de salud pública coordinada que proporcione la máxima protección a su población.

Esta, en palabras Miquel Oliu-Barton, senior fellow de EsadeEcpol y coautor de la propuesta, “debería apoyarse en dos herramientas complementarias: el pasaporte sanitario y las zonas verdes. La primera propone una política pragmática y exigente, y se basa únicamente en criterios epidemiológicos, es de naturaleza micro y permite recuperar las libertades individuales; la segunda, sin embargo, tiene un enfoque macro y debe gestionarse de forma territorial”.

Pasaporte sanitario para vacunados y PCR negativo

Según EsadeEcPol, el pasaporte sanitario implica muchas cuestiones relacionadas con la discriminación, la certificación, la confidencialidad, la aplicación indebida y el disentimiento, aunque “empleada como una herramienta inclusiva y temporal, puede evitar los confinamientos en caso de que se produzca un rebrote nuevo e incontrolado”.

Para ello, este salvoconducto debería utilizarse solo cuando sea estrictamente necesario y concederse tanto a las personas que hayan recibido la vacuna como a aquellas que tengan un test PCR negativo, siendo las pruebas siempre accesibles y gratuitas. “Restringirlo a las personas vacunadas sería un error grave”, añaden los autores del documento de EsadeEcPol.

A partir de las premisas anteriores, el modelo de pasaporte sanitario que se sugiere determinará el nivel de riesgo epidemiológico de cada zona geográfica mediante un código de colores (por ejemplo, verde, naranja y rojo), indicará en cuáles de estas es necesario el pasaporte, y será accesible en sus distintas plataformas.

Todo ello gestionado y garantizado por una autoridad central fiable que vele por el mantenimiento de los principios democráticos teniendo siempre en cuenta criterios éticos fundamentales. “El pasaporte sanitario permitiría recuperar las libertades individuales —comenta Miquel Oliu-Barton— y, al mismo tiempo, mantener la precaución, sobre todo porque la vacunación aún no está generalizada, al servir a dos propósitos: asegurar una reapertura dirigida de la vida social y facilitar los viajes. Los beneficios potenciales son, por lo tanto, considerables, tanto económica, social, cultural e incluso psicológicamente”.

Cómo definir las zonas

Mientras que la implantación del pasaporte sanitario sería una medida micro, la clasificación de zonas tiene un carácter macro y ya fue avanzada de forma pionera en España por EsadeEcPol en el insight titulado “Zonas verdes europeas: una propuesta para salvar el turismo”. Según desarrolla el nuevo documento de este centro, en aquellas zonas o áreas que sean verdes, todas las interacciones económicas y sociales (restauración, ocio, cultura, deporte y eventos) podrían retomarse con normalidad de manera gradual.

De esta manera, viajar entre zonas verdes europeas no tendría por qué estar limitado, mientras que hacerlo de una naranja o una roja a una verde debería dar lugar a controles y restricciones, como tests y cuarentenas, que garanticen su protección frente a las reimportaciones de contagios.

Sin embargo, y si bien es deseable cumplir los requisitos para ser una zona verde, el reto según EsadeEcPol, es permanecer en este color, porque será lo que permitirá a la población salir de la crisis sanitaria y recuperar sus libertades. “Para conservar esta etiqueta verde, la clave reside en adoptar un doble enfoque que, por un lado, en el caso de que se produzca un brote, se actúe con rapidez, de manera local y rigurosa con el fin de controlar el virus de inmediato; y, por otro lado, minimice el riesgo de reimportar el virus en la medida de lo posible”.

“La combinación de un pasaporte sanitario inclusivo y esta clasificación gradual de las zonas es fundamental para volver a la normalidad lo antes posible y para evitar nuevos confinamientos generalizados. Es importante que estas dos herramientas sean flexibles y temporales”, concluye Miquel Oliu-Barton, senior fellow de Esade EcPol.

Imágenes cedidas: CDC en Unsplash

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