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Las bed bugs pueden hacer saltar por los aires una buena ocupación, un ADR sólido y una operativa bien engrasada. Mario Sánchez, Director de Proyecto de KHAMA Hotel, quiso romper ese tabú durante su ponencia en TecnoHotel On Tour Tenerife, donde alertó sobre el impacto operativo, económico y reputacional que puede tener una infestación en cualquier establecimiento hotelero.
Antes de entrar en materia, Sánchez lanzó una encuesta anónima entre los asistentes para conocer la dimensión real del problema. La pregunta era sencilla: si habían sufrido alguna incidencia relacionada con chinches o conocían algún hotel que la hubiera padecido. El resultado, aunque basado en una muestra reducida, fue revelador: todos los participantes afirmaron haber tenido contacto directo o indirecto con un caso.

¿Qué son las chinches y por qué suponen un riesgo para los hoteles?
Las bedbugs, como se conoce en inglés a las chinches, son insectos que se alimentan de sangre humana durante la noche. Se activan cuando detectan calor corporal y CO₂, y suelen acceder al huésped desde la cama, lo que explica buena parte de su nombre. No vuelan ni saltan, pero sí se desplazan con sigilo y encuentran refugio con facilidad en costuras de colchones, sofás, enchufes, cajones, cortinas o cualquier fisura oscura, seca y estrecha.
Durante su intervención, Mario Sánchez explicó que uno de los grandes problemas de esta plaga es su capacidad para pasar desapercibida en las primeras fases. Solo se mueven para alimentarse o para expandirse, y cuando un huésped empieza a notar múltiples picaduras, normalmente la colonia ya ha crecido lo suficiente como para complicar su eliminación.
Además, los huevos presentan una gran resistencia, incluso superior a la de los ejemplares adultos frente a determinados químicos. Esa dificultad de erradicación, sumada a su facilidad para viajar en ropa o maletas, convierte a las chinches en un enemigo especialmente incómodo para la hotelería.
De una habitación bloqueada al daño reputacional
Más allá de la incomodidad para el cliente, Sánchez puso el foco en las consecuencias que una infestación puede desencadenar en la operativa diaria del hotel. Cuando se detecta una alarma de este tipo, lo habitual es bloquear no solo la habitación afectada, sino también las contiguas, la superior y la inferior. A partir de ahí, el establecimiento puede enfrentarse a fumigaciones, sustitución de mobiliario, pérdida de ingresos e incluso reclamaciones por parte de los huéspedes.
Y hay un factor todavía más difícil de medir: la reputación. Porque una sola incidencia de este tipo puede traducirse en reseñas negativas, ruido en redes sociales y pérdida de confianza futura. Sánchez recordó que el impacto reputacional, en estos casos, es prácticamente incalculable.
A ello se suma otro frente delicado: el de las reclamaciones oportunistas o incluso falsas, una realidad que también preocupa al sector. Según explicó, existen casos en los que un huésped denuncia supuestas picaduras, se bloquea la habitación por precaución y, tras revisar el espacio, no aparece rastro alguno de infestación.

Cómo detectarlas antes de que sea tarde
Una parte central de la ponencia se centró en la detección. El Director de Proyecto de KHAMA Hotel explicó que existen herramientas muy sencillas para una primera inspección, como una linterna y una tarjeta, con las que revisar costuras de colchones, patas de la cama, ranuras del mobiliario o zonas ocultas de la habitación.
Entre las señales más evidentes figuran las mudas del insecto, los excrementos, pequeñas manchas de sangre o restos biológicos. El problema, insistió, es que cuando estas señales ya son visibles, muchas veces la infestación está avanzada.
Por eso, defendió la necesidad de pasar de un enfoque puramente reactivo a una estrategia preventiva. En lugar de esperar a que el huésped dé la voz de alarma, el hotel debe establecer protocolos, formar al personal y asumir que esta amenaza forma parte ya del día a día operativo.
Prevención frente a reacción
Durante la ponencia, Sánchez contrapuso claramente dos escenarios: reaccionar cuando el problema ya ha estallado o implantar medidas para detectarlo y frenarlo antes. En su opinión, la prevención no solo reduce el riesgo de infestación, sino que también minimiza los costes asociados y protege mejor la experiencia del huésped.
En este contexto, recordó que los tratamientos químicos tradicionales presentan cada vez más limitaciones, tanto por las restricciones regulatorias como por su agresividad. De hecho, advirtió de que algunos productos utilizados en casos extremos pueden suponer un riesgo para la salud humana, además de su impacto medioambiental.
Frente a ello, puso sobre la mesa la necesidad de apostar por nuevos sistemas de detección y por una cultura de prevención más asentada en los hoteles.
Un problema incómodo que el sector ya no puede ignorar
La intervención de Mario Sánchez en TecnoHotel On Tour Tenerife dejó una idea clara: ignorar el problema no lo hace desaparecer. Al contrario, hablar de chinches, entender cómo actúan y preparar a los equipos para detectarlas a tiempo puede marcar la diferencia entre una incidencia controlada y una crisis con impacto real en ingresos, operativa y reputación.
Porque, como quedó patente durante la sesión, basta una sola chinche para comprometer mucho más que el descanso de un huésped.


