olas de calor verano extremo

Hace unos días, The New York Times se planteaba si las olas de calor que azotaban Europa podrían afectar al turismo en el continente. No cabe duda de que algo de razón podría llevar el artículo que podéis leer aquí en su fuente original.

Su autor, Paige McClanahan analiza cómo el calor extremo puede obligar al turista a cambiar fechas o destinos por mera salud. Desde julio, Europa ha estado inmersa en olas de calor que obligaron, por ejemplo, a cerrar brevemente la pista del aeropuerto de Luton en Londres debido a un defecto en su superficie o a retrasar o cancelar trenes en Gran Bretaña por el sobrecalentamiento de las vías.

Francia tuvo también temperaturas récords y España, Grecia, Portugal o Italia sufrieron una gravísima ola de incendios forestales en algunas de sus regiones más turísticas. «Desde el centro de la ciudad podías ver la Acrópolis y detrás la neblina roja», afirma Peter Vlitas, vicepresidente ejecutivo de Internova Travel Group en referencia a los incendios forestales que afectaron gravemente a Atenas.

Eso sí, al menos este verano, las temperaturas extremas no han afectado al turismo y se han registrado cifras récord, tanto de ocupación hotelera como de empleo y gasto en hoteles, bares y restaurantes. Y es que tras dos años posponiendo vacaciones, había muchas ganas de viajar. Aun así, desde el sector, tal y como recoge el artículo de The New York Times, empiezan a surgir las primeras voces que destacan esta preocupación por parte del turista. Sobre todo, después de escuchar repetidamente en los medios que las olas de calor en el futuro serán más largas, frecuentes e intensas.

Cambio de fechas y de destinos

Esto tiene las primeras consecuencias (que no tienen por qué ser negativas): Los viajeros adelantan y retrasan el verano a primavera y otoño; esto es, se viaja más en abril, mayo, septiembre y octubre. El único problema para España podría darse en otra de las premoniciones que anticipa el artículo de McClanahan: «Muchos viajeros han empezado a cambiar sus itinerarios para disfrutar de sus vacaciones en países más al norte».

Karen Magee, de Know Experiences, afirma que desde julio, su agencia de viajes empezó a recibir llamadas de clientes preguntando si podían ajustar sus planes de viaje para tener en cuenta las olas de calor. «Eso era nuevo», reconoce. «No recuerdo la última vez que tuvimos a personas llamando para intentar cambiar sus vacaciones en Roma por una ciudad costera». Otros pretendían retrasar o adelantar sus vacaciones para evitar los días de calor extremo.

En resumen, es una situación que se ha vivido mucho este verano: viajeros que pretendían pasar sus vacaciones en un destino urbano (Roma, París, Madrid…) y que a última hora han cambiado de idea para viajar a destinos de playa (Baleares, Sicilia o Marsella) y tener, al menos, la opción de refrescarse ante un calor tan intenso.

Al menos, este verano no ha habido cancelaciones totales por este motivo, sino que se han ido readaptando a las condiciones climáticas. Y, como ya hemos comprobado, las reservas se están alargando durante todo septiembre y hasta los primeros días de octubre. Además, muchos viajeros no pueden optar a una cancelación porque las políticas de cancelación no recogen la cláusula de «cancelar por temperaturas extremas», lo que ata a los viajeros a ‘disfrutar’ de sus vacaciones en plena ola de calor.

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Readaptar los planes

Desde los hoteles españoles, la solución ha sido readaptar un poco los planes y evitar las horas más duras de calor. Los guías turísticos han adelantado o retrasado sus tours para empezar a primera hora de la mañana o a última hora de la tarde. Y cada vez es más común ver a personas con una botella de agua en la mano o con un paraguas caminando por la calle.

En Madrid, la situación ha sido similar. El Ayuntamiento de la capital aconsejaba a los viajeros que buscaran zonas verdes como el Parque de Madrid Río. Aun así, durante los días de calor más extremo, Madrid cerró sus grandes parques como El Retiro porque la rachas de viento y la sequedad del suelo ponían en peligro a los paseantes. Es más, desde el propio consistorio se aconseja visitar Madrid en los meses de mayo y junio, si bien en julio y agosto reconocen que la ciudad es mucho más tranquila ante la escasez de aglomeraciones.

Aun así, España está mucho más preparada para el calor que otros países vecinos, menos acostumbrados. Y eso el turista lo sabe. Hace más calor, pero el aire acondicionado está a la orden del día (aunque esté a 27 grados), las calles principales tienen toldos de lona para dar sombra y los restaurantes saben cómo mantener frescos a sus clientes.

Efectos a largo plazo: toca actuar

En definitiva, por mucho que haya quien todavía lo niegue, los efectos más duros del cambio climático se están empezando a sufrir. Cada vez llueve menos, hace más calor y los episodios meteorológicos son más extremos.

Las empresas turísticas deben invertir en la defensa del clima para mitigar así las emisiones en sus viajes a Europa. Y es que aun deteniendo todas las emisiones de gases de efecto invernadero, existe ya un calentamiento adicional que está integrado en el planeta. El calor tan intenso que hemos sufrido este verano no es una casualidad, sino una tendencia que tendremos cada vez más presente. Debe ser responsabilidad de todos trabajar por intentar revertir o controlar la situación; en caso contrario, el sector turístico de nuestro país puede empezar a sufrir las consecuencias.

La subida de las temperaturas en toda Europa conlleva a que los viajeros no vean con malos ojos veranear en países como Gran Bretaña, Holanda o el norte de Francia y Alemania. Por dar solo un dato para la reflexión: Inglaterra ha registrado en los últimos 20 años, los diez años más calurosos desde que tiene registros, allá por 1884.

España recupera los turistas internacionales prepandemia

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