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En la tertulia del bar se habla más de si habrá o no temporada de verano que del último clásico Madrid-Barça. Como si “nuestro mundo”, económico y pandémico, fuera a comenzar o acabar el próximo verano.

Nos las prometíamos muy felices cuando nos dijeron que llegaban las vacunas en diciembre pasado y ahora comprobamos que no era oro todo lo que relucía.

Con un primer trimestre terrible y una incertidumbre todavía muy presente. ¿Qué podemos esperar del próximo verano? ¿Habrá o no temporada? ¿Volverán los alemanes a las playas de Mallorca?

La respuesta es un sí rotundo. Yo soy de la corriente optimista, veo luz y mucha al final del túnel, una demanda latente y muchas ganas de viajar. Sin embargo, lo que no resulta tan fácil de determinar es cuándo y de qué intensidad será la  reactivación turística. Y esto es lo que debería preocuparnos.

Analicemos el problema desde dos perspectivas diferentes, pero de igual importancia. España, como destino turístico, ya que, recordemos, somos uno de los principales destinos del mundo. Y España bajo el prisma de su mercado nacional, del que también dependen muchas familias.

El ritmo de vacunación parece que avanza con una mejor velocidad en países como Reino Unido, uno de nuestros mercados emisores más importantes, y este hecho, marcará el devenir de España como destino este verano. La velocidad de vacunación en España, que necesita un mayor impulso, nos dirá cómo se comportará el mercado emisor nacional esta temporada.

Necesitamos que los dos aspectos gocen de buena salud, vayan de la mano y, a ser posible, que se reactiven secuencialmente sincronizados. En mi opinión, la velocidad que coja la vacunación en los próximos dos meses determinará el volumen de negocio que se podrá mover el verano 2021.

Desde la consultoría Travel Internet Consulting, vemos a nuestro país preparado para recibir turistas con las medidas adecuadas, pero las empresas están a la espera de conocer los avances de vacunación para reabrir sus negocios.

Tampoco debemos perder de vista otros dos elementos sustanciales que están en la mano de las autoridades. Es decir, de las comunidades autónomas y sobre todo, de la administración central.

Por un lado, la política de restricciones de nuestro país. De puertas para dentro, es fundamental, obviamente, para que despierten, o no, los movimientos entre comunidades, muy castigados hasta el momento. Y de puertas para fuera (también podríamos decir “hacia dentro”), para transmitir certidumbres y confianza a los principales países emisores para viajar a España.

Lo delgada que es la línea del ser o no ser lo hemos comprobado estos días. El anuncio del Gobierno de no prorrogar el estado de alarma a partir del 9 de mayo, que favorecerá la movilidad entre las comunidades autónomas, ha disparado las reservas de los españoles en destinos nacionales con incrementos por encima del 120%, como atestiguan las principales agencias online, que son las que mejor navegan entre mares tan revueltos.

Algunas empresas han compartido que hay días que los picos de venta han llegado a un 60% de reservas respecto a 2019, unos datos no vistos desde septiembre de 2020, aunque es pronto para lanzar las campanas al vuelo.

El segundo aspecto a considerar es nuestra estrategia de vacunación. Aquí lamento decir que estamos en el vagón de cola. Países como Turquía, Grecia o más recientemente Croacia, nos adelantan por izquierda y derecha. Estos países han optado, si se me permite la expresión, por declarar a todo el personal vinculado a empresas turísticas como estratégico.

De esta forma, han decidido vacunarlos antes que a otros colectivos, o segmentos de edad, para autoproclamarse como destinos más seguros. Deberíamos plantearnos si para nosotros también tendría sentido hacerlo y si un turista se decantaría por un destino donde todo el personal del hotel donde se va a alojar está vacunado.

Tendremos que vigilar la evolución de nuestros destinos competidores, especialmente los de la cuenca de Mediterráneo, porque, cuando se abran las fronteras y se dé el pistoletazo de salida comenzará una guerra sin cuartel a la caza del turista.

Ojalá estemos listos en ese momento para dar batalla.

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