parador manzanares

El 12 de marzo de 1931 abría sus puertas el Parador de Manzanares. El primero de una red hostelera formada por 12 pequeños e idénticos inmuebles situados en puntos estratégicos del “Circuito Nacional de Firmes Especiales”: Manzanares (Ciudad Real), Bailén (Jaén), Quintanar de la Orden (Toledo), Benicarló (Castellón), Aranda de Duero (Burgos), Almazán (Soria), Medinaceli (Soria) La Bañeza (Léon), Triste (Huesca), Antequera (Málaga), Puebla de Sanabria (Zamora) y Puerto Lumbreras (Murcia).

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El Parador de Manzanares se ha ampliado y mejorado mucho desde entonces. Hoy es un hotel que acaba de obtener su cuarta estrella y que se ha convertido en parada obligada para el descanso del viaje o punto de partida para visitar el Parque Nacional de Cabañeros, las Lagunas de Ruidera y las Tablas de Daimiel. Sus clientes valoran la tranquilidad, el trato familiar y cercano de su equipo, y su gastronomía local, así como los protocolos de seguridad anti COVID puestos en marcha desde el año pasado.

Actualmente, el Parador de Manzanares promociona el turismo local con una oferta especial para residentes. Tarifas reducidas, camas supletorias gratuitas, descuentos para el restaurante o la posibilidad de disfrutar de habitaciones premium por tarifa reducida. Y es que con la situación actual, los hoteles han tenido que enfocarse en sus propios vecinos para poder mantener abiertas sus puertas. Unas puertas, que sin duda, merece la pena cruzar en un entorno tan emblemático como el de este parador.

El albergue de Manzanares

En 1928 dos jóvenes arquitectos, Carlos Arniches y Martín Domínguez, presentaron su idea de “albergue-refugio automovilista” al concurso convocado por el Patronato Nacional de Turismo y lo ganaron. El edificio era un modelo estandarizado, que conjugaba la vanguardia europea con la tradición vernácula, de construcción rápida y económica, pensado para dar servicio a los automovilistas en ruta de aquella época.

Su ubicación debía ser visible y reconocible en los dos sentidos de la circulación, cerca de la carretera. Albergues de ocho habitaciones (12 plazas), con surtidor de gasolina, lavadero y otros servicios anexos para que los primeros automovilistas hicieran un alto en el camino.

Los avatares históricos los dotaron durante la guerra de otros usos como hospitales de sangre y cuarteles ocasionales, como el caso de Manzanares.

Los albergues de carretera pronto sucumbieron a su propio éxito al quedarse rápidamente pequeños en relación con su demanda. El desarrollo del trazado de la red de carreteras, la evolución del turismo y el avance tecnológico del automóvil determinaron la reorganización de la estructura inicial de la red de albergues y la reconfiguración arquitectónica de sus edificios.

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Hasta tres ampliaciones

En los años cuarenta, los arquitectos de la Dirección General de Turismo, Manuel Sainz de Vicuña y José María Muguruza Otaño, se encargaron de diseñar la ampliación de todos ellos de forma estandarizada aumentando el número y tamaño de las habitaciones, dotándolas de baños independientes, zonas de aparcamiento y ampliación del comedor.

Esta sería la primera ampliación del albergue de Manzanares, donde se reutilizaron las zonas de servicio, que se desplazaron a un anexo; posteriormente, dos ampliaciones sucesivas con pabellones mantuvieron el concepto original de arquitectura moderna, denominándose desde entonces “parador” en los años 60.

A partir de la última década del siglo XX, las reformas enmascararon la modernidad arquitectónica con el estilo regional de la casa manchega dotándole de un porche y las solanas de madera de las habitaciones tan identificativas del Parador de Manzanares. Aun así, el primitivo albergue se conserva en la trasera del parador, como recuerdo del pretérito tiempo en que el turismo era exclusivo de una élite social que descubría la libertad del viaje en automóvil.

Parador de Manzanares