Desconozco si cuando hace ahora casi un año apareció este virus en nuestras vidas, alguno de nosotros pensaba realmente en estar continuamente viviendo una situación de enfrentarse a un Tsunami. Durante este año, he tenido momentos en los que he visto que salíamos de esta pesadilla para acto seguido volver a caer.

En lo personal, a todos nos está afectando porque está haciéndonos cambiar nuestra forma de ver el mundo, de relacionarnos e incluso de sentir. De otro modo, no se puede entender la insolidaridad y poca empatía de algunas personas y en especial de la clase política.

Para el sector turístico este “bichito” pasa por ser una verdadera arma de destrucción masiva, que ha mandado las cuentas de explotación de todos los negocios a números inaguantables.

El dichoso bichito se ha llevado por delante ya más de 70.000 empresas y con ellas miles de sueños. Especialmente cuando el 99% de esas empresas son de menos de 50 trabajadores que, en definitiva, es el motor real de la empresa de este país. Y es que, aunque le pese a algunos que siguen empeñados en hacer pensar que en España todos los empresarios somos como Amancio Ortega, la realidad es que la inmensa mayoría somos pequeña y mediana empresa.

360.000 empleos menos en 2020 y 724.000 nuevos parados son números que nos colocan, queramos o no, en una recesión difícil de predecir especialmente en algunos sectores como el turismo y la hostelería.

Nos estamos desangrando

¿Cuántos presupuestos te ha tocado hacer y deshacer en estos meses? ¿Cuántos ajustes de personal? ¿Cuántas refinanciaciones? ¿Cuántos grupos te han cambiado y recambiado fechas? ¿Cuántos recibos te han devuelto?

El poder de adaptación de los negocios turísticos y hosteleros que se han mantenido abiertos durante estos meses ha sido verdaderamente loable. Con inversiones de todo tipo para poder aguantar el tipo con sus clientes y adaptándose a las fases, desfases y refases que cada comunidad ha ido improvisando. Quizá esta sea una de las cosas buenas que nos dejara la pandemia: sabernos capaces de reaccionar y cambiar cosas en nuestro negocio en cuestión de horas.

En cualquier estructura empresarial sabemos que hay una máxima que intentamos que no nos pase: Orden + contraorden = desorden. Algo que no han entendido los gestores públicos que llevan media pandemia con continuas enganchadas. Es difícil hacer de cada decisión un problema, pues la clase política de este país tiene el gen del “cuñado” a toneladas.

Sin un rumbo claro, han sido capaces de llevar al abismo a gran parte de la industria principal de este país. Ignorándola, culpándola, machacándola e insistiendo en el poco valor que aporta. Cuando teníamos que cerrar fronteras, las teníamos abiertas; cuando teníamos que abrirlas, las cerrábamos y pedimos PCR a todo bicho viviente. Uno tiene la sensación de que los que nos gobiernan son los protagonistas de “Los autos locos” y que el jefe es Pierre Nodoyuna.

Llevamos semanas con noticias sobre el ascenso en el número de muertos y contagiados gracias a una Navidades que muchos se han tomado como si fueran las últimas, en lugar de como unas más.

Nos encontrábamos todos analizando un escenario de aperturas para Semana Santa, un oasis que soñábamos fuera el pistoletazo de salida para olvidar el 2020. Sin embargo, la realidad es que la Semana Santa no será más que un “tocomocho” difícil de gestionar en casi todas las plazas por las más que posibles limitaciones.

Ya estábamos inmersos en cambiar a inicios de junio las reaperturas cuando el Tsunami local vuelve a crecer y aparece un comunicado de presidencia del gobierno en el que habla de “recuperación de turismo internacional” a final del verano.

Mi pregunta es: ¿alguien le ha explicado a esta gente lo que significa el término credibilidad? Suena a retórico, lo sé. ¿Qué seguridad transmitimos al turista que se pueda plantear viajar a España, cuando hacemos este tipo de comunicados a seis meses vista? Trabajar la marca España debería ser esto.

Con este post me gustaría reconocer la tarea en la sombra de miles de profesionales del sector turístico que han decidido aplicarse el termino adaptación y que son capaces cada día de hacer de un Tsunami cambiante un espacio normalizado. ¿Será verdaderamente esta la tan anunciada nueva normalidad?

Imágenes cedidas: Matt Hardy on Unsplash