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Hace unos días, un empresario me retó a compartir el aprendizaje personal que ha supuesto todo lo vivido con esta crisis. Lo cierto es que me incomodó, puesto que hay algunas reflexiones íntimas que tal vez me pudieran hacer sentir desnudo y ridículo o posiblemente fueran muy duras en su contenido. Pero haciendo partícipe de esta inquietud a un amigo del que aprendo y es apoyo, me dio el empujón necesario, puesto que nunca sabemos qué mensaje o reflexión puede ayudar a ver las cosas de distinta manera.

Y como el propio título afirma, lo haré en 3D, es decir, en tres dimensiones: espiritual, empresarial y social

A nivel espiritual

1. Superar a Bruce Lee

“Be water, my friend” es lo que este maestro y referente en artes marciales afirmaba. Leyendo uno de los libros de Phil Jackson (exitoso entrenador con 11 anillos de la NBA), éste comentaba una cita acerca de cómo definir el budismo: “Todo cambia”. Y lo explicaba con estas palabras: “A menos que lo aceptes, te resultará imposible encontrar el auténtico equilibrio. Claro que aceptarlo significa aceptar la vida tal y como es, no sólo lo que consideras bueno”. Por lo tanto, toca ser como el agua y fluir con cada cambio.

2. Eliminar la adicción a la queja

De todos los días que hemos vivido con los diferentes confinamientos, recuerdo uno de ellos como muy crítico y desesperante. Cuando ya salíamos de uno de ellos, me cambiaron un evento presencial en cinco ocasiones en un mismo día: se podía, no se podía, cambio de condiciones, cancelación, nuevas medidas, etc.

El hartazgo fue tan grande que recordé una frase de las que en alguna ocasión han aparecido en mi vida: “Estoy harto de estar harto”. Y fue ver un reportaje de deportes de riesgo, donde desperté al mensaje que antes no veía: quejarse es seguir en el pasado. Es invertir tiempo en lo que ya fue y mientras ahí sigamos, no estaremos con capacidad para reaccionar a lo que puede venir.

Estos deportistas de Moto GP, surferos de olas gigantes, esquiadores “suicidas”, no gastan un segundo en quejarse. Sólo reaccionan ante el imprevisto. Y así algo cambió en mi sistema neuronal: ¿se suspende el evento? Pues se suspende ¿Se vuelve a permitir? Pues lo hacemos. ¿Se cancela? Pues a otra cosa. Algo mutó en mi mente, para reaccionar y mirar para adelante, en lugar de lamentarme y quejarme ante lo que ya no puedo arreglar.

3. Diálisis emocional: tocaba hacer retiro espiritual

En todos estos días donde veía y sufría una constante falta de educación, crispación y malas formas por parte de personas, ya fuera en un restaurante, tienda o simplemente conduciendo, noté que yo mismo empezaba a crisparme y tener reacciones que no estaban a la altura que siempre he querido.

Por ello decidí hacer mi propio retiro espiritual y marchar unos días solo a un hotel. ¿Duro? Sí, durísimo, pues el ego campa a sus anchas, aprovechando la imposibilidad de distracción (personas, televisión u ordenador) para enturbiarnos por medio de inumerables pensamientos. Pero a la vez, es en la soledad donde podemos descubrir la sabiduría interior que todos tenemos, pero que debido a nuestra ocupación diaria, no escuchamos. Sólo algunos mensajes de nuestro corazón, alma o espíritu aparecen si estamos callados, totalmente callados y aguantamos cruzar esa tormenta de ruido, carencias, juicios, comparaciones y falta de amor (hacia nosotros y hacia otros) en la que pasamos gran parte de nuestra ocupación mental.

4. Vivir con pasión y sobre todo con “compasión”

En ese propio retiro, recordé (en el mundo emocional, descubrir es recordar lo que ya sabías, pero no sabías que lo sabías) que cuando “una persona tiene un mal comportamiento, es porque internamente está mal”. Lo veía en los demás, y ¡guau!, cómo no, en mí mismo. Y en ese silencio que les comentaba, me venía una frase a la mente, que bien ejemplificaba Nelson Mandela: “Debes tener COMPASIÓN” con quien reacciona mal”.

“Deja de estar en la mente, y conecta con el corazón” me decía mi querido amigo Ato, en una sesión de coaching con caballos (fascinante espejo para revelar y mostrar qué batallas a nivel interno se experimentan). Pero como le aclaraba a una amiga que está en plena lucha con el mundo, tener compasión no significa no reaccionar ante un abuso, sino hacerlo desde un equilibrio emocional donde nuestra reacción ayuda a dar una respuesta acorde y equilibrada al reto que recibimos.

5. Formamos parte de la Naturaleza y sus estaciones

¿Verdad que la Naturaleza tiene cuatro estaciones? Pues al ser humano también le sucede. En ocasiones nos toca pasar un invierno “interior”, un periodo de vacío, tristeza, aburrimiento o crisis. Huimos de ello, porque en nuestra sociedad pasarlo mal está mal visto. Todo debe ser éxito y aparentar. Pero qué bueno es aceptar ese periodo de invierno interior, aprovecharlo para recogernos, sabiendo que todo pasa. ¡Todo! Krishnamurti afirmaba: “el sufrimiento es el conflicto entre el “es” y el “debería ser””. Y observo cuánto tiempo pasamos en el “debería ser”, y es ahí cuando nos perdemos lo que “es”.

6. Soy un enchufe mal enchufado

Si algo vi en ese retiro es que a menudo busco “enchufarme” a personas o proyectos para cargarme de ilusión y energía. El primer problema es que en muchas ocasiones me equivoco de personas, o los proyectos no salen como quisiera. Y ello me afecta enormemente. Ello me obliga a afinar para que nada ni nadie me robe mi energía. Pero el segundo problema está en que “soy enchufe”. Es decir, busco fuera cosas o personas que me carguen, cuando tal vez, si buscara en mi esencia, en mí mismo, encontraría algo maravilloso, que siempre estuvo y que desconocía u olvidé por el camino.

Y así podría compartir más y más lecciones de vida, que seguramente para muchos pueden parecer vanas y simples, para otros recordarles lo que ya sabían, y para el resto hacerles pensar de forma diferente.

A nivel empresarial

1. Diferentes reacciones a la misma crisis

Sin duda ante esta situación que todos hemos vivido ha habido diferentes reacciones en cuanto a las organizaciones:

-aquéllas en las que el problema es que “no ven el problema”. Esta situación de incertidumbre, ha dejado al desnudo todas aquellas carencias que ya venían arrastrando, pero que ahora se acentúan debido a la brutal incertidumbre.

-las que quieren cambiar, pero es difícil aprender a nadar cuando el Titanic se está hundiendo. Muchas han tenido épocas de bonanza, pero poco invirtieron en innovación, captación y gestión del talento, adaptabilidad, etc. y es ahora cuando quieren aprender. Lo tienen difícil.

-las que han sido capaces de activar un proceso de cambio interno, aunque habría que esperar para verificar cuáles lo siguen manteniendo, y cuáles volverán atrás.

-las que ya estaban preparándose y esto ha sido un reto más, con pérdidas, estrés, riesgos, etc., pero han reaccionado como ese barco que cruza el Atlántico que si bien van a luchar con tormentas y olas gigantes, sí están preparados para atravesarlas y seguir navegando en el futuro.

¿En qué categoría está tu organización?

2. Resiliencia o anti-fragilidad

¿Recuperarse o ser mejores? Se insiste en la resiliencia como capacidad para recuperarse, pero hay empresas que están yendo más allá. No sólo piensan en recuperarse, sino en una transformación cultural que les haga poder sobrevivir y tener éxito en un mundo hiper cambiante. Y se están preparando para ello.

3. ¿Planificación? De lo anual a lo semanal

Parecía antes de esta crisis, que el mundo sólo cambiaba el 31 de julio o el 31 de diciembre cuando se presentaban los presupuestos y los planes estratégicos. Ahora las organizaciones están viviendo una planificación semanal, o hasta diaria. ¿Nos hemos preparado para ser veloces en ejecución y rápidos en el cambio? Comparen a un esquiador de fondo, con su ruta trazada y la rutina de movimientos, con un esquiador que se desliza por una montaña de nieve virgen. Esto es lo que nos está tocando vivir. ¿Está tu organización pública o privada, lista para adaptarse al cambio continuo?

4. Darwin se quedó obsoleto

Considero que la famosa frase “la especie que sobrevivirá no es la más inteligente, sino la que mejor se adapte al cambio” ha quedado obsoleta. Si vamos a adaptarnos, puede que cuando lo consigamos no queden clientes, o ya el entorno haya vuelto a cambiar. Nos toca “anticiparnos”, estar preparados para cuando venga la ola. Es lo que hacen los aventureros: analizar y prepararse para lo que puede venir, porque si esperamos a reaccionar cuando la ola está encima, es posible que no podamos reaccionar.

A nivel social

Obviamente no se puede generalizar, pero si no generalizamos (que es aquello que se manifiesta en mayor medida) no podríamos hablar de nada.

1. Vivimos en una sociedad estúpida

Sí, es duro decirlo, pero ver cómo una juventud basa su autoestima en los “Like” de cualquier red, es triste. Cuando vemos cómo ciertas personas u organismos nos manipulan para enfrentarnos ya sea por el pasado, el sexo, ideas políticas o cualquier otro aspecto, hace que venga a mi mente la imagen de alguien riéndose de nosotros por los enfrentamientos que desde su poltrona genera con total impunidad. A ello habría que añadir, que las crisis tal vez no nos hagan mejores, sino que manifiesten de manera exponencial lo que realmente somos: los que son solidarios, se volcarán aún más, y los que son desequilibrados y egoístas, lo mostrarán con mayor visceralidad.

2. No somos maduros económicamente

Esta situación ha revelado que vivimos como “la cigarra”, en lugar de como “la hormiga”. La capacidad de ahorro es casi nula. Ello ha generado mucha desesperanza, angustia y estrés. Pero eso sí, tenemos el último modelo de todo (televisión extra-ultra plana, la última versión del móvil, etc.). Veo cómo la gente se endeuda para pagar el último capricho de un hijo o una hija que demanda cosas para ser aceptado por su grupo o cómo no somos capaces de generar un colchón económico para sobrevivir al “invierno”.

3. No nos trabajamos interiormente

Este confinamiento ha puesto a prueba la madurez psicológica de muchas personas. La soledad y la incertidumbre han sido dos bombas nucleares que han sacudido nuestra psicología. Pero, sin minusvalorar sus efectos, he comprobado cómo mucha gente no se ha trabajado con anterioridad. Viven en continua distracción y de repente, ¡zas!, todo se ha parado y no se pueden distraer con casi nada. Nos toca estar con nosotros mismos, y eso da mucho miedo, desconcierto y temor.  ¿Cuántas personas están visitando a psicólogos en esta pandemia? Ojalá se nos caiga ese ideal o mito de que siempre hay que estar bien, como una continua fiesta de verano, y aceptar que debemos leer (sí, sí, leer) y alimentarnos de aspectos humanos, emocionales o espirituales para gestionar el mundo exterior.

4. Nos toca activar a una sociedad civil dormida

He visto con impotencia cómo la Sociedad Civil anda crispada, pero a la vez impotente de dar una solución a lo que sucede. Lo cual es aprovechado por otros. ¿Y qué observo? Incapacidad de organizarse, pues la queja está en nuestras conversaciones, pero nada se hace. Hay maravillosas iniciativas sociales de auténticos héroes, que sólo por un hartazgo pusieron en marcha microproyectos pero que ahora ayudan a cientos y miles de personas.

¿Por qué no pasar de la queja a la acción organizada y solidaria? Esto es lo que un grupo de amigos vamos a intentar hacer creando una Fundación (se agradecen ideas y voluntarios) que active a la Sociedad Civil para aplicar la Inteligencia, Responsabilidad y el Liderazgo Colectivos. ¿Les suena verdad? Unos prestarán neuronas, otros recursos económicos y otros sus manos. Viendo los problemas sociales, medioambientales, económicos y emocionales, nos toca preguntarnos ¿y yo qué puedo hacer para mejorar mi entorno? No podemos ser islas dentro de una isla. No se trata de ir contra nadie, sino de ir juntos, haciendo que estos proyectos sociales formen parte de nuestras conversaciones, inculcando valores a unos hijos que están tan desorientados como sus padres, y que tal vez alineando mentes, recursos y corazones, podamos, si no cambiar el mundo, sí cambiar micro-mundos.

Lo dicho, espero que este reto haya servido para algo.

 

Imágenes cedidas: Zac Durant on Unsplash