viajes-revolución-digital

La enorme crisis provocada por la descontrolada y virulenta expansión del coronavirus, con las preocupantes consecuencias por todos sufridas, pone de relieve una realidad que la industria del Turismo debe afrontar a la mayor celeridad posible: la aparición en los ciclos económicos mundiales de los cada vez más frecuentes, mejor o peor llamados ‘cisnes negros’, término acuñado por el economista Nicholas Taleb que, dicho sea de paso, aviva un debate que va mucho más allá de la terminología, achacando la pandemia a la fragilidad del sistema: ¿era acaso predecible una pandemia de estas características?

La compañía que fundé hace ahora prácticamente dos décadas, nació justo en pleno estallido de la burbuja de las punto com. No solo la superó, también hizo lo propio con el shock mundial que dejó tras de sí el 11-S, así como el salvaje escenario hipotecario de 2008, una gran recesión que acostumbrábamos ya a tener superada, cuando… bueno, todos saben ya.

Medio año de perfil

Es inevitable hacer comparaciones, y la magnitud de la COVID-19 nos transporta hasta algunos de los peores capítulos económicos de la historia, como la gran depresión de los años 30; es por ello inexplicable que gobernantes de todo tipo de instituciones lleven ahora medio año de perfil, ofreciendo pobres soluciones y vagas excusas que, ni por asomo, serán suficientes para la supervivencia de una enorme porción del sector que más contribuye al PIB español.

No conozco ninguna empresa que esté preparada para decelerar de 100 a 0 en un periodo tan exiguo de tiempo, y escribo estas líneas sumido, como muchos, en la incertidumbre que provoca el mero hecho de desconocer -a pocos días de su finalización- si el Gobierno acordará prolongar las ayudas referentes a los ERTEs, tabla temporal de salvación para una ingente cantidad de actores turísticos.

Sea cual sea el acuerdo al que llegue Trabajo, y ante el enorme vacío de medidas complementarias -corredores seguros, incentivos al consumo interno, un plan inmediato de reposicionamiento y promoción del destino “España”… etc.-, no nos queda otra que predicar con el ejemplo, y ser nosotros mismos los que hagamos autocrítica, nos remanguemos -una vez más- y encontremos la viabilidad económica de las compañías, hecho que pasa por la obligada reinvención de las mismas.

Nueva revolución digital

Una nueva revolución digital se impone ante un escenario tan cambiante, que ha confinado a clientes y a negocios analógicos durante, de momento, más de un trimestre. La falta de presencia digital de multitud de agentes turísticos ha cercenado cuentas y negocios a un ritmo vertiginoso y, quizá, no sea excesivo decir que únicamente las empresas que tenían ya una fuerte presencia en la venta online han podido salir, momentáneamente, del paso vírico.

Una muestra de ello es el repunte en las acciones de tecnología que elevó el índice bursátil S&P 500 a un máximo histórico, incluso cuando la pandemia aplasta a la economía en general. Las acciones de Apple, Amazon, Alphabet, Microsoft y Facebook subieron un 37 por ciento en los primeros siete meses de este año, mientras que todas las demás empresas tradicionales cayeron un 6%. También pasará una vez termine la crisis con las grandes tecnológicas turísticas: hay señales de una gran migración de clientes de offline a online.

Turismo local internacional

Una de las particularidades del coronavirus es su diferente grado de afección por territorios, algo que nos obliga a estar presentes en la mayor cobertura posible de mercados: un nuevo desastre en España solo se podrá capear acercándonos al turismo local internacional, con la esperanza de ganar tiempo ante la llegada de una solución global, que parece pasar hoy únicamente por la aparición de la codiciada vacuna.

Es evidente que esta solución es compleja, digamos imposible incluso para muchas agencias tradicionales, pero también aporta luz a unas cifras que sorprenden en pleno 2020: tan solo 6.000 de los 16.000 millones de euros de la facturación de hoteles en el mercado español corresponden a reservas online, una cuota del mercado que, a todas luces, sufrirá un vuelco en los próximos ejercicios.

Ampliar cartera y servicios de venta

La ampliación de la cartera y servicios a la venta pasa por ser otro de los hitos a superar para las agencias y, por qué no, para los propios hoteles y aerolíneas: conjugar la oferta bajo un mismo marco, como el de los paquetes de viajes o los llamados “paquetes dinámicos”, ahorrando costes al consumidor, supondrá una enorme diferencia competitiva en el escenario pandémico y pospandémico. Porque la crisis no acabará con unos inyectables: la recuperación del sector será lenta, muchos puestos de empleo desaparecerán y, pase lo que pase, el consumo turístico se modificará sustancialmente en los años a venir.

Sea cual sea el caso, quedan soluciones sobre la mesa. La innovación y la cautela gobernarán la toma de decisiones, pero el turismo encontrará su viabilidad. Una vez más.

Imágenes cedidas: Unsplash