Torre del Remei

En el corazón de la Cerdanya, en el Pirineo catalán, se esconde la Torre del Remei. Su historia está llena de leyendas protagonizadas por banqueros, reyes, socialités así como otros huéspedes que han hecho del lugar su sitio preferido para desconectar o celebrar.

Ahora está a punto de iniciar una nueva etapa. Algunas cosas siguen igual: una situación privilegiada en el valle, en una suave ladera que los locales conocen como La Solana y un centenario castell que acaba de ser totalmente renovado.

Y otras cambian: un genio de la cocina catalana Carles Gaig entre los fogones y la nueva gestión de Mercer Hoteles, una cadena que está redefiniendo el nuevo lujo. Nace Mercer Hotel Torre del Remei. El mito continúa.

Torre del Remei, un referente de la hospitalidad, ha ido construyendo su historia día a día sobre tres pilares. Primero, el enclave en Bolvir, privilegiado en cualquier estación. Esquí en invierno, golf en verano y el impresionante paisaje de la Cerdanya como fondo durante todo el año. Segundo, la arquitectura histórica. Un palacio, aunque podría hablarse mejor de castell, construido a principios del siglo XX que dejó de ser finca familiar para convertirse en hotel hace casi tres décadas. Y tercero, el chef Josep María Boix que situó en los 90 a esta comarca en el mapa de la alta cocina y la hostelería mundial.

Ahora, tras 24 meses de reformas, la Torre del Remei renace regentada por Mercer Hoteles –Mercer Barcelona, Mercer Sevilla, EME Catedral Mercer…– con 24 habitaciones y suites, una decoración que pone en escena un nuevo lujo discreto, un jardín de tres hectáreas con árboles centenarios y piscina exterior climatizada, y el saber hacer de la pareja formada por el chef Carles Gaig en la cocina y por Fina Navarro en sala.

La finca del Mercer Hotel Torre de Remei integra la antigua casa palaciega con 12 habitaciones y las antiguas caballerizas, un anexo con otras 12 habitaciones. El exterior es un buen ejemplo del modernismo catalán. En el interior, todo cambia. El nuevo interiorismo interpreta sus espacios históricos de manera contemporánea, sofisticada y confortable.

“Queremos que el huésped, al entrar, reconozca la arquitectura pero que se sorprenda por la atmósfera”, explica Amanda Molina, directora de diseño y proyectos de Mercer Hoteles. “Evitamos recrear un escenario antiguo y, con la mezcla de referencias, buscamos una decoración única pero cálida, para que el huésped no sea un invitado. Esta es su casa”.

Mercer Hoteles ha construido su reputación manteniendo un fino equilibrio entre el entorno (excelentes ubicaciones, arquitectura con historia, interiores refinados y de calidad, firmados por grandes arquitectos e interioristas) y un servicio personalizado y memorable. “La hospitalidad está en el centro del negocio. Como lo está la certeza de que un buen diseño nunca envejece”, afirman desde Mercer Hoteles. Lo interesante de la cadena es su habilidad para dar una nueva vida a mitos –un palacio gótico (en Barcelona), uno neoclásico (en Sevilla) o éste modernista (en Bolvir)– con una impronta contemporánea.

Torre Remei

Más de cien años de historia

Por su clima y sus paisajes, esta zona era considerada “un bálsamo para el espíritu”. Era el secreto mejor guardado por la alta burguesía de Barcelona. Hasta allí llegó, con su esposa, el banquero Agustí Manut i Taberner en busca de una finca para construir una casa para su hija Blanca.

Y mandó construir un palacio modernista. Cinco años duró su construcción. Un discípulo de Antonio Gaudí –Calixto Freixa– fue el encargado del diseño. Natural de la vecina población de Llivia, era una estrella en su época. En la comarca encontramos obras emblemáticas con su firma como el casino Ceretá de Puigcerdá y el Castell Torre de Riu. La construcción es modernista, pero no disimula reminiscencias neoclásicas francesas.

La Torre del Remei se inauguró en 1910 y en ella vivieron inicialmente diez mujeres –incluyendo el servicio– bajo la atenta mirada de la señorita Manut i Uyà. Sin estar prohibido –que sepamos–, no había representantes del sexo masculino. Durante la Guerra Civil fue requisada. Se convirtió en hospital y milagrosamente sus interiores fueron respetados. Décadas después sufrió un lento ocaso. A principios de la década de los ochenta, Josep María Boix y su mujer, Loles llevaban tiempo revolucionando la cocina de la Cerdanya se encontraron con la finca. Se enamoraron de ella y, acabaron comprándola en 1989. Dos años después, en la primavera de 1991, la abrieron como hotel.

De maestro a maestro

En su cocina se coció la revolución de la gastronomía catalana y de la península ibérica por extensión. Eran los años 90. Josep María Boix, propietario y chef del restaurante Torre del Remei en ese momento, conquistó los paladares de los más exigentes gastronómadas. En la renovada versión de 2020, el chef Carles Gaig y Fina Navarro –su pareja, cómplice y responsable de sala–, toman las riendas de la gastronomía del hotel.

La historia de Gaig empezó hace 50 años, en la centenaria fonda familiar de Horta. Allí aprendió el oficio. Primero en sala y luego en la cocina. Fue el primer contacto con el recetario tradicional. Viajes a Francia y a la “nouvelle cuisine” marcaron su evolución. Años después se emancipa y llegan los aplausos unánimes y las estrellas. Hace unos meses, su estrategia da un giro de 180 grados. Cerró su restaurante de Barcelona –aunque mantiene un bistro en la Ciudad Condal– y trasladó su saber hacer a la Cerdanya, al Mercer Hotel Torre del Remei.

Es un defensor de las recetas clásicas bien hechas, eso sí, puestas al día. “Hago una cocina tradicional con un punto gastronómico”, afirma. En la carta de Torre del Remei hay platos de su recetario, como el mítico Canelón con crema de trufa. También el Arroz de pichón con setas de Burdeos (o ceps). De la misma manera, rescata platos de hace más de 20 años, –cuando aún estaba en Horta– como el Parmentier de pistachos y caviar. Es capaz de poner en sus sugerencias del día unos ‘macarrones de cardenal’ sacados de un libro de cocina de 1835, La cuinera catalana. “Para avanzar, hay que mirar al pasado” sugiere. Esta es una de sus claves.

El chef regresa junto a su esposa a la Torre del Remei, donde pasaron sus primeras vacaciones juntos como pareja. Un lugar que, para ellos, es “único en el Pirineo”. Con casa en la zona, su propuesta para Torre del Remei incorpora productos de proximidad, por ejemplo, la amplia variedad de quesos de la Cerdanya o el cordero lechal. Como siempre, como aliada imprescindible, en la sala, estará Fina Navarro.

El cocinero reconoce que es la cara amable que asesora y crea empatía. “El restaurante es cocina, es sala, es acogida, es todo un conjunto de cosas que esperas encontrar. A mí me gusta salir a saludar a todas las mesas porque creo que el comensal lo agradece”, afirma. A través de grandes ventanales, el elegante comedor se abre hacia el jardín posterior del castell, que según pasan las horas se convierte en un lugar mágico. La tradición de la buena –y la gran– mesa, continúa.

Torre Remei

Un recorrido por el mito

Al entrar en la finca, nos encontramos un jardín de tres hectáreas donde disfrutar de desayunos veraniegos, tumbarse junto a la nueva piscina o relajarse por la noche con unos cócteles en la terraza. En el centro, la Torre del Remei.

Es la clásica mansión-villa de principios de siglo XX, construida con una simetría estricta. Hay dos ejes que confluyen en la parte central de la casa, coronada por una cúpula que hace las labores de lucernario. En la planta baja encontramos la recepción, el restaurante y varios salones. El piso principal, el segundo y las buhardillas acogen 12 habitaciones y suites.

Además, en las antiguas caballerizas se encuentran otras 12 habitaciones y suites. Un nuevo paso subterráneo une ambos edificios para facilitar el movimiento de los huéspedes en días fríos o lluviosos. Entre ambos edificios se sitúa una nueva piscina exterior climatizada y un pabellón con vestuarios. En la esquina más al oeste de la finca, resplandece la ermita de la Virgen del Remei con su característica cubierta de pizarra y cúpula piramidal.

“Diseñamos el interiorismo imaginando una experiencia”, explica Molina, “se trataba de incluir todo lo necesario para que la estancia fuera cómoda y agradable”. Los interiores son nítidos. No hay hueco para lo superfluo.

El edificio ha sido restaurado con minuciosidad, sin cambiar su interesante arquitectura de interior. Lucen esplendorosas columnas, vidrieras, escayolas y cerrajería con motivos, cómo no, vegetales. Solo una cuidada selección de mobiliario y una delicada paleta de color sitúa el centenario edificio en pleno siglo XXI.

No ha temblado el pulso para agregar giros contemporáneos, como los espacios comunes que, según la necesidad, se abren o se cierran con un interesante juego de telones en gris antracita, y que invitan a ser utilizados para descubrir los múltiples detalles de la decoración original o para, simplemente, charlar en mullidos sofás. Hay un salón con una sugerente propuesta de lecturas, juegos de mesa y un mueble bar para autoservicio. En los meses más fríos, una chimenea aumenta la magia del espacio.

Torre Remei

Lujo 3.0

Al igual que a principios del siglo XX, no abundan las líneas rectas en el mobiliario. Las formas curvas están presenten en sofás, butacas o bañeras. Y, como entonces, los artesanos locales han matizado los sinuosos diseños de Molina para los armarios y escritorios.

Los materiales, ricos en texturas –terciopelos, cueros, madera–, son discretos pero nos hablan de cómo entender el nuevo lujo. El mobiliario lo firman grandes maestros del diseño como Gio Ponti, Børge Mogensen, Arne Jacobsen o Josef Hoffmann y también los nombres que dan forma a los iconos del siglo XXI como los estudios Space Copenhagen, Gamfratesi, Note Design Studio o Neri&Hu.

Hay diseñadores locales como Miguel Milá, Mario Ruiz o Martín Azúa e internacionales como Norman Foster, Antonio Citterio o Sami Kallid. Esto permite una atractiva combinación de referencias al incluir obras de todo el espectro de diseño.

El resultado es un revisado art nouveau que evoca un glamour atemporal con mucho de la sensibilidad del diseño danés y un toque de sofisticación parisina. “Es un espacio contemporáneo que nace con la intención de convertirse en clásico. El tiempo será nuestro aliado”, aclara Molina.

También el arte ocupa un lugar privilegiado, donde pinturas y esculturas del maestro catalán Agustí Puig conviven con artistas emergentes como Jesús Isnard –una de las nuevas voces de la fotografía contemporánea– o Irene Esteban.

Torre Remei

Habitaciones con vistas

Distribuidas en seis categorías (Suite, Premium Junior Suite, Junior Suite, Premium Deluxe, Deluxe y Superior), todas las habitaciones son distintas. Están decoradas y personalizadas en cada detalle. “La selección de materiales naturales es lo que transmite una sensación de calma y serenidad”, desvela la directora de diseño y proyectos. “Además, resisten el paso del tiempo y crecen en belleza”. Se refiere a las pesadas cortinas de lino, los mullidos cabeceros en piel, a las butacas en madera y lana o las mesas de café de mármol veteado. “Tenemos un cómplice, la luz natural que impregna las estancias gracias a los grandes ventanales”. La gama tranquila de colores solo es interrumpida por manchas de color que provocan alfombra –amarillo dorado, azul tinta, rojo, etc.).

Las camas están pensadas para provocar el deseo de quedarse. Las sábanas blancas de algodón egipcio de 400 hilos, el colchón de gran tamaño, y el cabecero con estructura de nogal y tapizado en piel. Este nuevo escenario ha buscado conservar la personalidad de la Torre del Remei pero también ofrecer todas las comodidades requeridas por los visitantes de hoy. Detalles habituales en una habitación –como el minibar, la caja fuerte o la cafetera Nespresso– se incorporan, con discreción, integrados en hermosos muebles hechos a medida.

Una de las características que inciden en el confort es el planteamiento de los baños, concebidos como un pequeño spa. Y como las habitaciones, cada baño es diferente. En la mayoría de ellas hay amplias bañeras y cabinas de duchas con efecto lluvia, así como una exclusiva selección de artículos de tocador de la emblemática marca británica Molton Brown, conocida por sus fórmulas artesanales elaboradas con ingredientes de todo el mundo. El juego entre interior y exterior que posibilita la variedad de ventanas es cautivador. Aquí es un balcón, en la de arriba una claraboya. Ver las cimas nevadas mientras tomas un baño caliente o ver pasar las nubes mientras te duchas es parte de la experiencia.

Si en el castell las habitaciones tienen guiños palaciegos, la antigua caballeriza no disimula su pasado, sino que lo acentúa. Las estancias son amplias con techos altos en madera y paredes donde se han rescatado los muros de mampostería. Lo que podría ser rústico resulta chic, con notas del glamour de los setenta. Aquí, las habitaciones se reparten en dos plantas, y las de la planta baja disponen de terrazas privadas con vistas al jardín.

Torre Remei

Un plan a medida

En el nuevo Mercer Hotel Torre del Remei, el conserje personaliza cada estancia a la medida de cada huésped: Actividades como esquí, excursiones con raquetas de nieve, senderismo, escalada, rafting, caza, quad o vuelo sin motor. Paseos a caballo o en globo aerostático por los valles y montañas de los Pirineos. Rutas románicas por los pueblos más pintorescos de la comarca. Reserva en las mesas más cotizadas de la zona o en sus campos de golf. Hay bicicletas gratuitas para paseos y dentro del hotel se pueden organizar masajes, sesiones de yoga o pilates.

El día puede empezar con un desayuno, continental o a la carta, donde hay variedad de preparaciones de huevos, bollería artesanal o selección de zumos. Embutidos y quesos de la Cerdanya o butifarra de Martinet, se incorporan como una invitación a conocer los productos locales.

Torre Remei

La Cerdanya, un paraíso en los Pirineos

A menos de dos horas por carretera desde Barcelona o de las estaciones de AVE de GIrona o Figueres, el Mercer Torre de Remei está ubicado en el corazón de la Cerdanya.
Al abrigo del Parque Natural del Cadí-Moixeró, esta histórica región de Cataluña, perteneciente a la provincia de Girona, es famosa por sus características mansiones, su rica gastronomía y sus paisajes de ensueño. En verano juegas al golf en campos como Fontanals y en invierno esquías en La Molina.

Una zona salpicada de pueblos que mantienen su encanto como Bolvir, en el que se encuentra el hotel, cuya iglesia románica y el yacimiento ibérico “El Castellot”, lo han situado en el mapa de los amantes de la historia. En Puigcerdá la iglesia de Sant Domènec con sus murales del siglo XIV, el campanario gótico de Santa Marta o el estanque local, rodeado de villas de principios de siglo, son una visita obligada. Cerca, el lago de Pera son excursiones que merecen el esfuerzo. Para muchos, esta zona es el paraíso en los Pirineos.

Conoce Torre del Remei, hotel de lujo y restaurante gourmet.

Imágenes cedidas: Eugeni Pons (Torre del Remei)