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La masiva presentación de ERTEs en nuestro país ha puesto de manifiesto que muchas empresas hoy en día no están preparadas para afrontar cambios en la demanda, tampoco cuentan con reservas que les permitan afrontar estos cambios y, peor aún, no cuentan con una estructura organizativa flexible para adaptarse a los mismos.

La mencionada debilidad no es sin duda una garantía de empleo y tampoco nos permite pensar que la solución a sus males pase por la presentación de un ERTE.

Estos momentos deben servirnos para adaptar nuestra realidad a momentos de crisis, para que medidas como los ERTEs sean medidas coyunturales y no estructurales.

Pensar que los ERTEs presentados responden exclusivamente al resultado de dos meses de cese de actividad significaría pensar que las empresas no tienen una “despensa” suficiente en forma de reservas para afrontar este nuevo escenario coyuntural.

Un profundo análisis de nuestro negocio, de nuestros procesos organizativos y de nuestra rigidez nos hará sin duda renacer de esta situación con más solidez y garantías en este mercado cambiante que no avisa.

A lo largo de mi trayectoria profesional me he tenido que gestionar muchas situaciones de crisis, he presentado dos ERTEs y un ERE. De aquella situación extraigo varias conclusiones y nuestra realidad actual lo corrobora. De un ERTE se sale hacia otro ERTE o hacia un ERE generalmente, si no hay otra alternativa.

¿Un nuevo ERTE?

Muy de moda está la necesidad de un plan B. Pensar en el ERTE como nuestra tabla de salvación única es tan ingenuo como creer que nuestros males se originan con el COVID-19.

Veremos en un futuro próximo que muchas empresas acabarán presentando ineludiblemente un nuevo ERTE, prorroguen el actual o desemboquen en un ERE como fue mi caso. Veremos que ninguna de esas medidas en ocasiones suponga solución alguna y tras el ERE echarán el cierre si no acompañan dichas medidas de otras basadas en una profunda reestructuración y rápida reacción hacia nuevos escenarios que traigan no solo recortes, sino repuntes.

Trabajemos de forma bidireccional. Adecuemos nuestros gastos a la nueva realidad, pero también hagamos crecer nuestra realidad con nuevas ventas de clientes y nuevos clientes con ventas.

Pensar solo en recortes tiene el riesgo de solo conseguir eso, recortes. Pensar también en ventas no ofrece ninguna garantía, pero sí abre el camino para atraerlas, con el alineamiento de los esfuerzos de nuestros equipos hacia un objetivo más positivo y atractivo.

Imágenes cedidas: Stefan Spassov en Unsplash