A lo largo de los últimos años, y como consecuencia de la crisis económica, el sector inmobiliario se ha visto afectado por un descenso de las inversiones en inmuebles, debido, en parte, por una sensación de desconfianza generalizada. Actualmente, la situación parece haber cambiado, y son muchos los inversores particulares o fondos de inversión que valoran adquirir inmuebles con un valor patrimonial notable, tales como conventos y monasterios abandonados, para explotarlos como hoteles o complejos turísticos.
En este sentido, Robert Menetray Doval, fundador de Lançois Doval, consultora especializada en la venta de propiedades de prestigio, empresas y activos inmobiliarios singulares, señala que “cada vez es más importante para grupos hoteleros o de inversión inmobiliaria la localización de ubicaciones únicas donde desarrollar nuevas iniciativas de negocio”, y añade que “la mayoría de estas inversiones son nacionales, y buscan fincas emplazadas en cualquier punto de la geografía española, mientras que el inversor internacional se centra más en zonas prime de Madrid y Barcelona, y en zonas de costa o preferentemente turísticas”.
Las razones de este aumento de la inversión en inmuebles únicos son múltiples  y están relacionadas con cuestiones como la seguridad que ofrecen los activos inmobiliarios singulares al inversor, el ajuste de los precios sufrido en los últimos años, y que oscila ente un 20% u un 45%, y los planes de revitalización de las zonas rurales.